Aladino

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Hace muchos años, en una región de la inmensa China vivía muy pobre la viuda de un sastre con su único hijo, Aladino.

Un día llegó a su casa un desconocido que le dijo que era su tío. Parecía rico y poderoso, y fue bien recibido en la humilde casa.

 Aladino

Una tarde el hombre se llevó a Aladino a un lugar escondido y misterioso y comenzó  a escarbar la tierra. De pronto, bajo la basura, quedó al descubierto una gran piedra a la que había atada una fuerte argolla de hierro. Aladino la va a estirar y, después de mucho esfuerzo, va a aparecer delante de él una escalera estrecha que llevaba a una gran cueva.

 Aladino

“Bajarás a la cueva”, le dijo el tío, y verás una lámpara de bronce. Traérmela.

 Aladino

Aladino hizo lo que su tío le había ordenado. El lugar era fantástico, estaba lleno de piedras preciosas, tapices muy bonitos y objetos de gran valor.

 Aladino

¡Dame la lámpara!, le gritó el tío, impaciente, cuando lo vio regresar con el objeto. Pero Aladino le pidió que primero lo ayudase a salir de la cueva. El tío, furioso porque el chico no le daba la lámpara,  va a pronunciar unas palabras misteriosas y la gran piedra regresó a su lugar, dejando sepultado al pobre chico.

Aladino estuvo llorando durante horas.

 Aladino

El tercer día, cuando ya había perdido casi toda esperanza de salir de allí, limpió por casualidad la lámpara y, en medio de un humo espeso, apareció delante de él un genio que le dijo:

 Aladino

“Tus deseos órdenes para mí son, ya que el genio de la lámpara soy”. “Quiero que saques de esta cueva”, le pidió Aladino muy asustado.

 Aladino

Y, al instante, el chico apareció estirado en un campo, a las afuera de la ciudad.

Cuando llegó a su casa, su madre tuvo una alegría muy inmensa.

 Aladino

En aquella época el hambre y la miseria asolaban la región. Un día que no tenían nada con que poder comprar un poco de arroz, Aladino propuso vender la vieja lámpara de bronce que había traído de la cueva.

La buena mujer comenzó a limpiarla y, apenas la había limpiado un poco, un genio, de aspecto imponente, apareció delante de ella: “tus deseos órdenes para mí son, ya que el genio de la lámpara soy”.

 Aladino

“Queremos comer”, le pidió Aladino.

 Aladino

Y, al instante apareció delante de ellos una gran mesa con unas comidas exquisitas.

Así vivieron unos cuantos años y le pedían al genio solo lo que necesitaban. Pero un día que Aladino paseaba por las afuera de la ciudad, vio a la hija del rey y se enamoró de ella.

 Aladino

Pasaban los días y la madre de Aladino, al ver que su hijo estaba tan enamorado, se fue a ver al rey y le explicó lo que estaba ocurriendo. El rey comenzó a reír, pero, para mostrar su bondad, le dijo:

 Aladino

“Te concederé la mano de mi hija si Aladino se presenta delante de mí con ochenta esclavos cargados de riquezas.

Al día siguiente, gracias al genio, llegaron al salón del trono ochenta esclavos, cada uno con una preciosa carga.

 Aladino

La boda se celebró en medio de un gran esplendor y los recién casados van a vivir en un palacio inmenso que el genio de la lámpara construyó para ellos. Y nunca hubo un matrimonio tan feliz en aquella región de la inmensa China.

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