Alicia en el Pais de las maravillas

Alicia en el País de las Maravillas

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Alicia en el Pais de las maravillas

En la orilla del río, Alicia y su gatita Dina escuchaban la historia que leía la Ana.

¿Queda mucho para el final?, preguntó Alicia a su hermana mayor. Me estoy durmiendo.

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Apenas cerró sus ojos, vio pasar corriendo a un conejo blanco con bombachos negros, chaleco amarillo, lazo verde y  una levita roja.

¿Dónde vas tan deprisa?, le preguntó Alicia asombrada.

¡Llego tarde, la reina me cortará la cabeza!, respondió el conejo mirándose el reloj.

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Intrigada, Alicia lo siguió hasta la cueva. Va a mirar al interior patapam , comenzó a caer por un hueco larguísimo. Cuando aterrizó, vio al conejo blanco en un pasillo muy largo.

Avanzó y llegó a una sala muy gran. Había descubierto una puertecilla y a través del ojo del la cerradura, vio un jardín fantástico con flores gigantes, pájaros multicolores. ¡Deseaba tanto entrar en aquel paraíso!.

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Estuvo a punto de conseguirlo al beber el líquido de un frasquito, pues su cuerpo se haría tan pequeño que podría pasar por la puertecilla.

También se comió un pastelito que había allí y va a crecer, va a crecer tanto, que tocaba el techo con la cabeza.

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¡Ayúdame, conejo blanco!, gritó Alicia. Pero lo dijo con una voz tan grande que el conejo, asustado, va a desaparecer tan rápidamente que perdió el abanico.

Alicia, desesperada, comenzó a llorar y sus lagrimones inundaron la sala. Recogió el abanico, comenzó a  abanicarse y su cuerpo se fue encogiendo otra vez.

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“¡Qué pena haber llorado tanto!”, decía, ¿me ahogaré en mis lágrimas?. Había encontrado otros náufragos: un ratón, un pato, un loro, cangrejos, estrellas de mar y otros que la van a ayudar a llegar a la orilla.

La diminuta Alicia  comenzó a caminar y encontró la casa del conejo blanco. Entró en ella y vio el líquido en  una botellita, bebió y  otra vez creció hasta llegar al techo. ¡Parecía que rompería la casa!

El conejo blanco y sus vecinos la echaron fuera a pedradas. Pero las piedras, al llegar a sus pies tan gordos, se convertían en pastelitos, al probarlos, Alicia se hiso tan pequeña como una muñeca y pudo salir de allí.

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Se adentró en el bosque y se encontró con una oruga que estaba sentaba arriba de un hongo y fumaba con una pipa. Al morder una esquina seta, el cuello de Alicia se alargó, pero al morder otra esquina, recobró el tamaño normal.

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Va a visitar una duquesa extravagante que dormía un cerdito en sus brazos, mientras, a su lado, un gato muy gordo reía. Después va a visitar la histérica liebre de marzo, que la invitó a tomar té con el sombrerero loco y un lirón adormilado.

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Finalmente encontró en un árbol la puerta que daba al fantástico jardín que pertenecía a la reina de corazones.

¿Quién está?, preguntó la reina al ver a Alicia, ¡ Rodéenla!

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“Yo soy Alicia y estoy harta de ser diminuta o gigante.”

“Que puedo hacer, quizás yo tengo la culpa de eso” ¡Que le corten la cabeza!

Pero antes van a jugar un partido de croquey increíble y después llevaron a Alicia a la sala del tribunal. Allí la esperaba el rey de corazones que era el juez, los naipes del reino y una multitud de animales. El heraldo real era el conejo blanco.

“Se acusa a la señorita Alicia, dijo el conejo blanco, de haberse reído en público de su majestad la reina de corazones”.

¡Qué le corten la cabeza!, dijo la reina rápidamente.

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Los naipes se abalanzaron sobre la niña, que huyo. Cuando estaban a punto de atraparla, Alicia se despertó. Estaba tumbada a la orilla del río y enseguida se puso a explicarle a su gatita Diana y a su hermana lo que había visto en su sueño, el país de las maravillas.

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