Blancanieves

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Había una vez un hombre muy poderoso que tenía una hija muy bonita llamada Blancanieves, porque tenía la piel blanca como la nieve.

La madre de Blancanieve había muerto cuando ella nació, y cuando cumplió los quince años su padre se volvió a casar.

La madrastra era una mujer soberbia, que pensaba que ella era la más bonita del mundo. Cada día se miraba en el espejo encantado que le había regalado un mago y le preguntaba:

 Blancanieves

¿Dime, espejo mágico, quien es la mujer más bonita del reino?, y el espejo contestaba tú eres la más bonita.

Pero un día el espejo le dijo: “la más bonita del reino es ahora Blancanieves, es más linda que tú”.

 Blancanieves

Llena de rabia, la madrastra ordenó a uno de sus criados que llevase a Blancanieves a un bosque muy lejos y allí la matara. Caminaron durante muchos días, pero cuando llegan al lugar indicado, el criado se le ablandó el corazón y fue incapaz de cumplir la orden y le dijo a Blancanieves que se marchara.

 Blancanieves

La dejó que se adentrase en el bosque. Cuando el sol comenzaba a ponerse, llegó a una casa cerca de un arroyo. Llamó a la puerta, pero nadie le respondió  y como estaba muy cansada decidió entrar.

 Blancanieves

Dentro de la casa todo era muy pequeño y Blancanieves se puso a descansar un ratito y se quedó dormida. La casa del bosque pertenecía a unos enanos que al regresar de su trabajo quedaron sorprendidos contemplando aquella chica tan linda que descansaba plácidamente.

 Blancanieves

“Se quedará con nosotros, dijo el más grande, así nos hará compañía”

Cuando Blancanieves despertó y vio a los enanos pensaba que estaba soñando. Pero como eran muy buenos y la trataban con mucho afecto se quedó a vivir con ellos.

Pasaban los días y la madrastra era muy feliz, pues pensaba que otra vez era la mujer más bonita del reino.

Una mañana volvió a preguntarle al espejo mágico: “Dime espejo, quién es la mujer más bonita del reino”

“Blancanieves, que vive con los enanos del bosque es la más bonita”

 Blancanieves

Furiosa, la madrastra decide asegurarse que esta vez mataría a su rival. Se disfrazó de viejecita y con una cesta llena de manzanas envenenadas fu a buscar a Blancanieves al bosque donde vivía.

“Traigo manzanas deliciosas, pregonaba cuando llegó a la casita de los enanos”.

Blancanieves hacía mucho tiempo que no veía pasar a nadie por los alrededores salió de la casa a hablar con aquella viejecita.

 Blancanieves

¿Quieres una? Le preguntó la viejecita amablemente, brindándole más linda de las manzanas.

 Blancanieves

Blancanieves al ver aquella manzana tan  apetecible, va a aceptar el regalo. Pero apenas le dio la primera mordida calló a los pies de la malvada mujer, que se marchó muy sonriente por el bosque.

 Blancanieves

Cuando los enanitos regresaron a casa y vieron a Blancanieves muerta, comenzaron a llorar desconsoladamente. Al día siguiente, la colocaron una una cama de flores cerca de la gruta de los brillantes para que descansara eternamente.

 Blancanieves

Un día se acercó a la gruta de los brillantes un príncipe muy bien plantado encima de un caballo. Al ver a Blancanieves se va a enamorar tanto de su belleza que no pudo evitar darle un beso. Entonces tuvo lugar el prodigio: Blancanieves regresó a la vida. Cautivado por el buen corazón de la chica, el príncipe le pidió que se casara con él.

 Blancanieves

Y así se convirtió en la reina de un gran país donde fue muy feliz.

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