El Flautista de Hamelín

El Flautista de Hamelín.

El Flautista de Hamelín

Hace muchos años, Hamelín era una ciudad conocida por su prosperidad, pero las personas eran tan tacaña que ni los más pobres más pobres podían mendigar.

 El Flautista de Hamelín

Un día, una plaga de ratones invadió a la ciudad. Eran negros, grandes y peludos y en dos días se terminaron todos los víveres del pueblo de Hamelín. No sirvieron de nada las trampas ni los mata ratas.

 El Flautista de Hamelín

¡Libérenos de esta plaga, alcalde!, gritaban los habitantes de la ciudad.

Fue entonces cuando el alcalde dictó un comunicado en el que pedía ayuda: “Se darían 50 monedas de oro a aquel que consiguiese exterminar aquella plaga”.

Todas las personas que fueron a ganarse la recompensa van a fracasar.

Cuando Hamelín parecía condenada a desaparecer, se presentó en medio de la plaza un hombre alto y delgado, con los cabellos largos, vestido con unas polainas y un sombrero rojo.

¡He venido a liberarlos de los ratones!, dijo el hombre. Díganle a vuestro alcalde que prepare la recompensa.

 El Flautista de Hamelín

¡Otro embaucador!, murmuraron los habitantes de Hamelín.

Después el flautista sacó una flauta y comenzó a tocar unas notas bien extrañas… Al instante, por las cuatro esquinas de la plaza, van a aparecer todos los ratones.

 El Flautista de Hamelín

El flautista comenzó a caminar con ellos hacia el rio y al llegar al puente, los ratones, hipnotizados, se lanzaron al vacio y van a desaparecer.

 El Flautista de Hamelín

Terminada el trabajo, el flautista regresó a la plaza, donde lo esperaba el alcalde con una bolsa en la mano y una sonrisa de satisfacción.

“Aquí tienes la recompensa”, dijo el alcalde. El flautista examinó el contenido de la bolsa y, al ver que nada más tenía diez monedas, replicó: ¡Pero…, aquí nada más hay diez monedas. Me faltan cuarenta!

 El Flautista de Hamelín

¡Demasiado te damos por tocar una simple flauta!, le dijo el alcalde. O tomas estas monedas o nada.

El flautista, indignado, lanzó la bolsa al suelo y dijo: “Ha faltado a nuestro pacto”, Hamelín pagará con creces esta ofensa.

 El Flautista de Hamelín

Al atardecer volvió a la plaza, sacó la flauta y comenzó a tocar  una melodía mágica. Al instante, los niños de Hamelín acudieron hipnotizados. El flautista, seguido por todos los niños, salió de la ciudad, atravesó el valle y va a desaparecer en el bosque.

 El Flautista de Hamelín

Nada más se había salvado, un cojo que, como no podía seguirlos, se había quedado a la entrada del bosque. Y allá iba cada tarde, donde esperaba que apareciesen sus amigos.

 El Flautista de Hamelín

Una tarde, el niño cojo, llegó a la entrada del bosque, vio una cosa que brillaba en el suelo. ¡Era la flauta mágica!. Comenzó a tocarla y, seguidamente, van a aparecer sus queridos compañeros.

 El Flautista de Hamelín

Hamelín recuperó la alegría y sus habitantes no volvieron a ser tacaños ni mentirosos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *