El príncipe feliz

El Príncipe Feliz.

El Príncipe Feliz.

El príncipe feliz

Sobre una columna muy alta, dominando toda la ciudad, se alzaba la estatua del príncipe feliz. Estaba recubierta de láminas finas de oro y los ojos eran de zafiro bien gordos y preciosos.

El príncipe feliz

Una noche de invierno llegó a la ciudad una golondrina y se refugió en los pies de la estatua. Al esconder la cabeza debajo del ala, le cayó una gota de agua:

¡Qué extraño!, pensó. No había nubes en el cielo y no obstante así llueve. Le cayó otra gota y después otra. La golondrina miró hacia arriba y vio por las mejillas doradas del príncipe caían unas lágrimas bien gordas:

¿Por qué lloras? Le preguntó la golondrina.

El príncipe feliz

“Cuando era vivo, le dijo la estatua, todo lo que veía en mi palacio era bonito y alegre. Por eso me decían el príncipe feliz. Pero ahora que estoy muerto y me han colocado en este lugar tan alto, puedo ver la miseria que hay en la ciudad y no puedo evitar llorar”.

¿Y qué vez ahora? Le preguntó la golondrina.“Una casa muy pobre. Dentro hay una mujer que borda un vestido y en un rincón de la habitación está sentado su hijo enfermo y hambriento. Pero la pobre no tiene nada para el niño….”

¿Paloma, podrías  llevarle al rubí que tengo en la espada?, yo no puedo moverme de aquí.

El príncipe feliz

A pesar de que hacía mucho frío, la golondrina aceptó el encargo, arrancó el rubí y salió volando con la piedra en su boca. Cuando llegó a la humilde casa de la costurera, la madre, cansada por el trabajo, se había dormido. Va a dejar el rubí sobre el bastidor y con sus alas le echó aire al niño en la frente.

El príncipe feliz

La golondrina regresó a la estatua y pasó la noche allí. Al día siguiente le dijo al príncipe: ¡ Adiós! Mis compañeras me esperan para emigrar al sur.

“Por favor, golondrina, le pidió el príncipe, quédate una noche más. Allá en lo alto de una casa, veo a un joven que está escribiendo una obra de teatro para niños. No tiene nada con que calentarse y se ha desmayado de hambre”.

El príncipe feliz

“Bien, me quedaré”, dijo la golondrina. ¿Qué tengo que llevarle?.

“El zafiro de uno de mis ojos”. La paloma, con gran dolor, arrancó un ojo al príncipe y se fue volando hasta la casa.

El príncipe feliz

Cuando el escritor volvió en sí y vio la joya exclamó: ¡Oh, debe ser un regalo de algún admirador!. Por fin podré acabar mi obra.

Al día siguiente la golondrina fue a despedirse del príncipe: ¡ Adiós!. Es invierno y pronto llegará la nieve. Mis compañeras ya deben estar en Egipto.

El príncipe feliz

“Por favor, golondrina, le dijo el príncipe. Quédate una noche más. Abajo, en la plaza, hay una niña muy pobre que vende luces. Arráncame el otro ojo y llévalo. No me importa quedarme ciego”.

El príncipe feliz

Así lo hizo la golondrina y volando sobre la niña, le dejó caer sobre su mano. ¡Que vidrio más bonito!, exclamó la niña y se fue corriendo a su casa muy contenta.

El príncipe feliz

La golondrina mientras tanto, regresó al lado del príncipe y le dijo: “Ahora que estas ciego, no te puedo abandonar. Volaré sobre la ciudad y te explicaré lo que veo”

La golondrina vio la miseria de la que el príncipe le hablaba.“Quítame el oro que me cubre y dáselo a los pobres”, le pidió el príncipe.

La golondrina repartió las láminas de oro entre los pobres de la ciudad, que las recibían muy felices.

Llegó la nieve. La golondrina cada vez tenía más frío. Picaba los trozos de pan que se encontraba y procuraba calentarse moviendo las alas. Hasta que un día sintió que se estaba muriendo. Con mucho trabajo, voló hasta la espalda del príncipe y le dijo:

¡Adiós, querido príncipe!

“Comprendo que por fin te vas a Egipto, le dijo el príncipe resignado. Me entristece, porque te quiero”

“No me voy a Egipto, le contestó la golondrina, sino a la casa de la Muerte. Yo también te quiero”.

El príncipe feliz

La golondrina le dio un beso al príncipe y cayó muerta a sus pies. En aquel momento se sintió un crujido dentro de la estatua: era el corazón de plomo, que se había partido en dos.

El príncipe feliz

Al día siguiente, el alcalde hizo demoler aquella estatua tan fea y que la quemaran en un horno. Pero no hubo fuego capaz de fundir el corazón de plomo y la lanzaron al montón de basuras donde estaba la golondrina muerta.

El príncipe feliz

Al mismo tiempo, Dios le pidió a uno de sus ángeles que le llevase las dos cosas más valiosas de la ciudad. El ángel le llevó el corazón de plomo y la golondrina muerta.

El príncipe feliz

“Has elegido bien, le dijo Dios, ambos representan el amor y la bondad”.

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