El soldadito de plomo

El Soldadito de Plomo.

El Soldadito de Plomo.

 El soldadito de plomoPor su aniversario, a Toni le regalaron veinticinco soldaditos de plomo, había uno que era cojo, pero se mantenía derecho sobre la única pierna tan firme como los demás.

 El soldadito de plomo

También le regalaron un castillo preciso con una bailarina. Era de cartón, llevaba un vestido blanco, un gran lazo de seda azul y una flor de lentejuelas rojas enganchadas al pecho. Tenía los brazos abiertos y una pierna en alto. El soldadito pensó que era coja como él.

¡Qué linda es!, dijo el soldadito. “Pero nunca se fijará en mí. Ella vive en un castillo muy bonito y yo, en cambio, vivo en una caja”

A media noche, los juguetes van a salir de las cajas: los soldaditos desfilaban marcando el paso, los animales de los caballetes lanzaban cosas en alto. Nada más el soldadito cojo y la bailarina permanecían inmóviles, todo mirándola fijamente a los ojos.

 El soldadito de plomo

“Deja de mirarla así a la bailarina, soldado cojo”, dijo un muñeco horrible que salió de una caja de sorpresa, ella no puede ser tuya. El soldadito hizo ver que no lo sentía.

 El soldadito de plomo

A la mañana siguiente, Toni jugaba con los soldados y colocó el cojo sobre el marco de la persiana.

 El soldadito de plomo

De repente, el muñeco horrible lo empujó y el soldadito calló a la calle, a mercedes del fuerte aguacero que caía. Toni bajó a buscar el soldadito, pero no lo vio.

 El soldadito de plomo

No obstante a eso, lo encontraron dos niños que pasaban por allí: ¡Un soldadito de plomo!, exclamó uno de los niños. ¿Y si lo hacemos navegar para que conozca el mundo?.

Construyeron un barco de papel , colocaron dentro al soldadito y dejaron que el arroyo formado por la lluvia lo llevase calle abajo.

De repente, el barco entró en una alcantarilla larga y oscura: ¿ A dónde iré a parar?, suspiraba el soldadito, ¡Si al menos fuera con mi bonita bailarina!

Justo cuando se había rehecho del susto, va a encontrar otro peligro: la alcantarilla desembocaba en un rio. El pequeño barco de papel calló por aquel salto de agua y se hizo micas, mientras el pobre soldado se hundía.

Pensó que había llegado el final de su vida y va a recordar una vez más a la bella bailarina.

 El soldadito de plomo

Ya en el fondo, un pez se lo comió. La barriga del pez era  aún más oscura que la alcantarilla, pero él continuaba bien firme sin soltar el fusil.

Pasaron unos cuantos días hasta que el soldadito vio de nuevo la luz del día. El pez fue a parar a la casa de Toni y la madre del niño le abrió la barriga al pez para guisarlo.

 El soldadito de plomo

¡Un soldadito de plomo! Exclamó la madre mientras lo lavaba y lo colocaba con los otros juguetes.

A las doce de la noche, los amigos lo recibieron como si fuera un héroe. Todos querían saber las aventuras que había vivido. Pero el soldadito no tenía suficientes ojos para la bailarina, que haciendo una sonrisa comenzó a bailar para él.

El muñeco, celoso, va a lanzar el pequeño héroe a la chimenea. El soldadito sentía un calor intenso, pero no sabía si se debía al fuego o al amor que lo consumía.

 El soldadito de plomo

Se fundía. Volvió a mirar a la bailarina y esta lo va a mirar a él. De repente, un golpe de viento arrastró a la bailarina hasta las llamas. Su amada se abrazó al soldadito y los dos se fundieron dentro del fuego.

A la mañana siguiente había entre las cenizas un pequeño corazón de plomo y una lentejuela en forma de rosa.

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