La bella durmiente

La Bella Durmiente

La Bella Durmiente

 La bella durmiente

Una felicidad muy grande invadía el reino porque en el palacio del monarca había nacido una niña. Al bautizo fueron duques y condes de tierras muy lejanas, los sabios y las hadas buenas.

Los duques y los condes van a regalarle a la pequeña princesa oro y riquezas, los sabios las piedras preciosas más extrañas y las hadas le van a conceder belleza y bondad. Pero,  en el último momento, apareció muy furiosa la hada mala.

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“¡Yo los maldigo!”, dijo el hada. Me han ofendido al no invitarme al bautizo de su hija. Mi venganza será mi regalo. Antes que la princesa cumpla dieciséis años se pinchará con el huso de una rueca y dormirá eternamente.

El rey y la reina intentaron salvar la pequeña princesa de aquella maldición. Los magos y las hadas buenas pensaron en la manera eliminar el poder del hada mala pero todo va a ser en vano

“Solo un gran amor podrá despertarla”, dijo finalmente la reina de las hadas.

El rey ordenó quemar todas las ruecas del reino. Así pasaron los años y la niña se convirtió en una chica llena de encanto y de belleza.

 La bella durmiente

Pero un día que paseaba por el palacio, subió hasta una torre donde había olvidada una rueca. Extrañada por aquel artefacto, se acercó a ella y se pinchó con el huso. En aquel instante calló profundamente dormida.

Todo fue inútil, la joven princesa no se despertaba. El rey y la reina habían caído en desgracia. Una tristeza muy profunda invadió el palacio y también a los habitantes del reino.

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El rey ordenó construir un palacio en medio del espeso bosque  donde, sobre una cama de oro dormía la princesa. Pasaron unos cuantos años y el rey y la reina  murieron, también sus ministros y pajes. El bosque que rodeaba el palacio de la princesa se hizo impenetrable.

La historia de la bella durmiente se convirtió en una leyenda y nadie volvió a recordar el palacio perdido ni tampoco a la princesa.

Un día de primavera un príncipe joven salió a cazar por los alrededores del bosque.

 La bella durmiente

“Buen hombre”, le dijo a un anciano que cuidaba ovejas por la cercanía, ¿A quién pertenece este bosque impenetrable y  donde está situado el camino para atravesarlo?.

Sentí a mi abuelo, dijo el anciano, hace muchos años, que este es el bosque del palacio de la bella durmiente y que solo podrá penetrar el príncipe elegido por las hadas para despertar a la princesa.

 La bella durmiente

El joven príncipe le dio las gracias y  se adentró al bosque. Va a galopar durante mucho tiempo y hacia la tarde, se encontró, sorprendido, delante del palacio que le había comentado el anciano.

El tiempo se había detenido entre aquellas paredes de mármol. Los tapices estaban nuevos, los metales brillantes, las llamas quemaban a las antorchas de bronce y en medio del salón del trono, sobre una cama de oro, estaba la chica más bella que el príncipe habría podido imaginar nunca.

 La bella durmiente

Mudo de admiración, se quedó derecho delante de ella. Justo cuando los labios del príncipe tocaron aquella piel tan suave, la vida va a comenzar a volver a chica que había permanecido tantos años sobre el maleficio de la hada mala y de la desgracia.

Y,  ante la sorpresa del joven, la bella princesa se  levantó de la cama y le sonrió.

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¡El maleficio se había deshecho!. El casamiento de los príncipes se celebró al cabo de poco tiempo y el país entero celebró la boda con fiestas y mucha alegría.

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