La lechera

La Lechera.

La Lechera.

La lechera

Una chica muy bonita caminaba bien contenta hacia el mercado de la ciudad vecina con un cántaro de leche sobre su cabeza. La linda lechera llevaba la ropa del domingo, su delantal de colores muy vivos y unos zapatos rojos muy bonitos.

A lo lejos había el pueblo, protegido por un pequeño pinar. El humo blanco y ligero de las chimeneas se elevaba en líneas caprichosas y se desvanecía en el cielo.

La lechera

La lechera, con el cántaro en la cabeza, pensaba en las ganancias que obtendría cuando vendiese la leche en el mercado de la ciudad. Siempre había soñado en ser muy rica, en tener una granja llena de animales, la casa más lujosa y las joyas más impresionantes…

La lechera

“En el mercado ofreceré la leche que llevo en el cántaro. Es muy fresca y cremosa, y me la pagaran mejor que a nadie”, decía por el camino.

La lechera

“La leche venderé y mucho dinero ganaré”, cantaba.

La lechera

“Con el dinero”, continuaba pensando “compraré un corral con bellas gallinas. Y las gallinas pondrán muchos huevos, y al cabo de unos cuantos días, tendré unos cuantos polluelos, con su sedoso vello y su tierno piar, ampliarán el patio de mi casa, y serán como una gran manada de pájaros de algodón. Le daré maíz y sopa de pan con leche, y así, en poco tiempo crecerán…”

La lechera

Cuando los polluelos se hayan convertido en gallos, los llevaré al mercado, donde causarán una gran admiración. Todos querrán comprármelos…

La lechera

“Los gallos venderé y mucho dinero ganaré”, cantaba la lechera.

Y con el dinero, decía en voz alta, me compraré los cerditos más gorditos y rosados. Yo misma los alimentaré. Engordarán y se harán relucientes. Y me darán por ellos una fortuna…

La lechera

“Los puercos venderé y mucho dinero ganaré”, seguía cantando la lechera. “Con el dinero compraré los terneros más bonitos de la feria, de los que corren por el prado y embisten con sus cuernecitos apenas acabadas de nacer, y que miran con ojos gordos y dulces que se parecen a un terciopelo…Y, antes de un año tendré la mejor graja de terneritos de la región”.

“Los terneritos venderé y mucho dinero ganaré”, continuaba cantando. “Con el dinero, haré que me construyan la casa más lujosa de la comarca, y me compraré los vestidos más bonitos y las joyas más relucientes y…”

La lechera

La ambiciosa chica iba, así, dejando volar su imaginación. Ya se veía inmensamente rica, cuando, de hecho, lo único que tenía era un humilde cántaro de leche…

La lechera

Y estaba tan concentrada en sus pensamientos, que, de repente, va a tropezar con una piedra, perdió el equilibrio y ¡plaf!, el cántaro, con la leche cayó al suelo y se hizo añicos.

¡Pobre  chica!. Todas sus ilusiones se habían desvanecido y la leche se había derramado… ¡Adiós gallinas, polluelos, cerditos, terneritos!, ¡Adiós casa y vestidos!, ¡Adiós joyas y riquezas!.

La chica lo contemplaba todo con mucha tristeza.

La lechera

El sol, en cambio, sonreía desde arriba del cielo. Le hacía gracia la ambición de aquella chica.

La lechera

No había terminado de hacer castillos en el aire, y este ya estaba derribado en el suelo.

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