La princesa y el-guisante

La Princesa y el Guisante.

La princesa y el guisante.

La princesa y el guisante

Había un príncipe que quería casarse con una princesa de sangre real. Con este objetivo, una mañana montó su caballo y salió a recorrer el mundo entero en busca de una princesa. Pero no encontró ninguna que le gustara. Todas tenían algún defecto y además debían ser verdaderamente de sangre real.

La princesa y el guisanteLa duda le impedía escoger una mujer.

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Así, después de muchos meses viajando de reino en reino, regresó al palacio triste y abatido.

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Una noche de inverno, cuando el joven príncipe ya había perdido prácticamente toda esperanza, se produjo una gran tormenta. De repente, alguien llama a la puerta del palacio y el viejo rey fue a abrir.

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“¿Me podría dar cobijo, señor?, va a suplicar una chica muy bonita, mojada de pies a cabeza y con mucho frío. Pasaba por aquí y me ha sorprendido la tormenta…. “Soy una princesa de un país muy lejos”.

¿Una princesa?, te pareces más bien un salidero de agua, va a bromear el rey al ver como a la joven le caía agua por los cabellos. Pero pasa, sería imperdonable abandonarte en una noche como esta.

Cuando el rey le informó a la reina de aquella visita tan inesperada, esta sonrió levemente y dijo: “Muy pronto sabremos si es o no una princesa”

Y, sin explicarle a nadie la idea que se le había ocurrido, hizo preparar la habitación de huéspedes.Cuando la doncella terminó, la reina puso en la cama un guisante, delante del cual va a ordenar colocar veinte colchones de pluma de oca.

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Así, la chica va a pasar la noche en aquella cama monumental, que, más que una cama, parecía una montaña.

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Al día siguiente, por la mañana, el rey y la reina se acercaron a preguntarle: ¿ Cómo has descansado, princesa?.

 La princesa y el-guisante

¡Oh, muy mal, respondió esta. No he dormido en toda la noche!. Nunca había visto una cama tan incómoda. He notado una cosa muy dura, que me ha dejado el cuerpo lleno de azules.¡Ha sido una noche horrible y mucho!

¡No puede ser!, exclamó el rey, muy extrañado. Ningún huésped se ha quejado nunca de nuestros colchones de plumas.

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“Si que puede ser”, intervino la reina con una sonrisa. Y le va a explicar a su esposo el plan que había ideado.

De esta manera todos van a descubrir que era una auténtica princesa, pues había estado capaz de sentir la molestia del guisante a través de veinte colchones.

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El príncipe, la va a ver y se va a enamorar de su belleza. Mientras más la miraba, más bonita le parecía.

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Y así, al cabo de unos cuantos días, se va a casar con ella, bien seguro de que por fin había encontrado una auténtica princesa. Desde aquel día, el guisante va a formar parte de las joyas de la corona.

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