La Sirenita

La Sirenita.

La Sirenita.

 La Sirenita

En el fondo del océano se alzaba el castillo del rey del mar. Los muros eran de coral, las persianas eran de diversas bisuterías, el techo tenía ostras que se abrían y se cerraban con sus perlas que se movían al compás del agua.

Las hijas del rey del mar, seis sirenas muy bonitas, escuchaban de la abuela reina historias muy bellas de los humanos: “Cuando cumplan quince años podrán ver todo lo que les he explicado”, aseguraba la abuela.

 La Sirenita

La Sirenita era la más pequeña y se desvivía por conocer el mundo de de los humanos y cada día observaba la estatua de un príncipe joven que tenía en el jardín.

 La Sirenita

Finalmente llegó el día en que cumplió quince años y va a salir a la superficie. Allá pudo ver el joven de la estatua que paseaba por la orilla y se va a enamorar.

 La Sirenita

Una tarde, un gran barco en el que viajaba el príncipe va a naufragar. La Sirenita lo va a salvar, y lo llevó hasta la playa y le cantó una canción muy bonita. El príncipe se enamoró de aquella voz tan dulce.

 La Sirenita

Pero la Sirenita no podía estar más tiempo fuera del agua y regresa al fondo del mar.

 La Sirenita

En el palacio, pasaba las horas sentada en el jardín contemplando la estatua. Durante las noches de luna llena nadaba hasta la superficie, pero no vio nunca al príncipe.

 La Sirenita

Hasta que un día sin saber a quién pedir ayuda, buscó a la bruja del mar que vivía en una cueva horrible:

 La Sirenita

“Sé porque estás aquí, le dijo la bruja al verla. Deseas ser humana para que el príncipe se enamore de ti. Yo te puedo conceder tú deseo… Te daré unas piernas, pero los pies te harán mucho daño al caminar. A cambio me darás tú voz y si el príncipe se casa con otra joven tú morirás.

 La Sirenita

La Sirenita aceptó la propuesta de la bruja y bebió la poción, se desmalló y cuando abrió los ojos tenía dos piernas muy bonitas y el joven príncipe estaba delante de ella.

¿Quién eres?, le preguntó el príncipe, ¿ Cómo has llegado hasta aquí ?.

La Sirenita, ya sin voz, no pudo contestar y el príncipe pensó que era muda. Pronto se hizo muy amigo de la joven y le pidió que se quedara para siempre con él.

 La Sirenita

La Sirenita era feliz y se lo explicaba a sus hermanas, cuando de noche, se acercaba a la playa y calmaba sus pies adoloridos con el agua del mar.

 La Sirenita

Pero un día, el rey anunció el casamiento de su hijo con una princesa de un país vecino. La Sirenita recordó las palabras de la bruja: sabía que moriría:

 La Sirenita

“Aun puedes salvarte”, le dijeron las hermanas. Le dimos a la bruja nuestros cabellos a cambio  de este puñal que acabará con el encanto. Clávalo en el pecho del príncipe y volverás a ser una sirena.

 La Sirenita

Pero la Sirenita era incapaz de herir al príncipe. ¡Lo quería mucho!. Al amanecer lanzó el puñal al mar, se hundió en el agua y se convirtió en una espuma blanca y brillante.

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