Pinocho

Pinocho

Pinocho

Pinocho

El Geppetto, un viejo carpintero, acababa de fabricar un títere de madera precioso a quien llamó Pinocho.

Pinocho podía hablar y caminar. Apenas los pies del títere tocaron tierra salió corriendo y Geppetto fue detrás de él.

Pinocho

¡Guardia!, gritaba el títere. ¡El amo me pega!. El guardia que pensaba que Gepetto maltrataba al títere, lo detuvo.

“Así no tendré que obedecer a nadie”, va a pensar Pinocho.

“Te equivocas”, le reprochó su amigo grillo, tú no puedes vivir solo.

¡Fuera, grillo tonto”, le dijo Pinocho.

Pero Pinocho no sabía hacerse la comida y una noche se quedó dormido sobre el brasero y se quemó los pies.

Cuando Gepetto regresó, le dio de comer, le hizo unos pies nuevos y le compró un libro para que fuese a la escuela. Era feliz porque Pinocho le había dicho:

“Seré obediente, estudiaré y no te daré más disgustos”.

Pero va olvidar la promesa. Hiendo para la escuela, va a ver a unos títeres y vendió el libro para comprar la entrada. Los títeres lo invitaron a subir al escenario y el director,  el Come fuego, va a suspender la función. Como castigo decidió lanzar a Pinocho al fuego.

Pinocho

¡No quiero morir, que hará el pobre Gepetto!, gritaba pinocho.

Se quejaba tanto que el Come fuego le va a perdonar la vida y le dio cinco monedas de oro para el viejo carpintero.

Pinocho

Pero Pinocho, en vez de regresar a casa, se detuvo a hablar con un gato y un zorro que le van a robar las monedas y lo amarraron a un árbol.

Cuando ya se veía perdido, apareció el hada azul. Lo va a  desamarrar y le preguntó que había pasado. Pinocho dijo unas cuantas verdades y muchas mentiras. Por cada mentira que decía, la nariz le crecía un palmo.

Pinocho

“No mientas”, le aconsejaba el hada azul o la nariz te llegará al quinto pino.

Pinocho prometió que no diría más mentiras y, a la salida del bosque, encontró una paloma.

“Gepetto no está en casa”. Le dijo la paloma. Ha salido a buscarte al mar en una barca.

Desde la playa Pinocho vio a Gepetto en peligro. Se lanzó al mar para salvarlo, pero, de repente, Gepetto va a desaparecer.

Pinocho

“Se lo ha tragado una ballena”, le dijo un delfín.

Muy triste, va a nadar hasta la orilla más cercana, y allá apareció otra vez el hada azul.

‘Quiero ser un niño de verdad!, se quejaba Pinocho.

“Para eso, primero que todo has de ir a la escuela”, le contestó el hada azul.

Pinocho va a obedecer al hada, pero una tarde se escapó con los chicos más vagos y traviesos al país de los juguetes. Allá no había libros ni escuelas y los niños vagos terminaban siendo unos burros.

Pinocho, convertido en un burro, fue vendido a un circo, donde trabajaba hasta que quedó cojo y el amo lo lanzó al mar.

Pinocho

Al caer al agua, la ballena que se había tragado a Gepetto se tragó también a Pinocho. ¡ Que alegría cuando se encontraron!

Aprovechando un estornudo de la ballena, Gepetto y Pinocho salieron al exterior y van a nadar hasta la playa. Allí los esperaba el hada azul.

“Sé que no volverás a decir mentiras, que irás a la escuela y que obedecerás a tú padre, te lo leo en tus ojos”, le dijo el hada.

“Y yo también” añadió el grillo.

Pinocho

Ambos lo leían, no en unos ojos de madera, sino en unos ojos de verdad. Porque el hada azul había hecho realidad el deseo de pinocho. I a Gepetto le había concedido su sueño: tener un hijo que lo cuidara cuando fuera viejo.

Pinocho

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *