Sindbad el marinero

Sindbad el Marinero

Sindbad el Marinero

Sindbad el marinero

En un país lejano vivía un hombre muy pero que muy rico llamado Sindbad el marinero. Decían que había navegado por los siete mares y que había vivido las aventuras más fantásticas y peligrosas.

Sindbad el marinero

Un día que Sindbad había invitado a sus amigos a comer en el bello jardín de su casa, uno de ellos le pidió que relatase alguna de sus extraordinarias aventuras y Sindbad el marinero comenzó su relato:

Sindbad el marinero

Yo tenía veinte dos años. Habíamos zarpado en un velero hacia la India, con un cargamento de telas y tapices muy valiosos. Pero una fuerte tempestad nos arrastró hasta una isla. Tres marineros y yo vamos a bajar a tierra para explorar el lugar, cada uno por una esquina.

Sindbad el marinero

Pasado el mediodía, rendido, me puse a descansar un rato para reponerme. Pero me dormí tan profundamente que demoré unas cuantas horas en despertarme.

Por eso, los compañeros, al ver que no regresaba, me dieron por muerto y retomaron el viaje.

Sindbad el marinero

De momento, me despertó un ruido muy fuerte, como si fuesen alas. Una sombra muy grande me pasó rozando la cabeza y un pájaro gigantesco se paró muy cerca de donde yo estaba. Me acerqué con cuidado y, atónito pude contemplar el pájaro Roc del que tanto hablaban las leyendas. A su lado había un huevo blanquísimo enorme.

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Pasé toda la noche pensando la manera de salir de la isla, y, al amanecer decidí meterme debajo de las alas del pájaro y atarme a una de sus patas con el turbante.

Sindbad el marinero

Cuando el pájaro alzó el vuelo, pensé que me moría de miedo. Volamos durante un rato bien largo, hasta que el Roc se detuvo en un valle rodeado de  altísimas montañas.

Sindbad el marinero

Me desamarré y, cuando el pájaro se marchó, vi, loco de alegría, que el valle estaba lleno a rebosar de diamantes bien gordos. Cogí tantos como pude y me dispuse a salir de allí. Pero era imposible subir por aquellas rocas tan inexpugnables”. ¡Estaba condenado a morir de hambre entre tantas riquezas!.

Sindbad el marinero

Al mediodía, cuando más desesperado estaba, sentí un ruido muy fuerte que provenía de las montañas. Casi al instante, me llegó rodando un toro bien grande desollado que alguien había lanzado desde arriba.

Sindbad el marinero

Enmudecí de asombro. Recordé la vieja leyenda que había escuchado contar a un marinero: en un país extraño había un valle profundo lleno de diamantes al cual los mercaderes arrojaban toros desollados para que las águilas, cuando se los llevasen hacia los nidos, llevasen enganchadas en los cadáveres las piedras preciosas, que ellos después recogían.

Sindbad el marinero

“Confié en que la vieja leyenda fuera cierta, me até fuertemente al toro y esperé”.

Sindbad el marinero

Pasaron unas horas largas y angustiosas. A punto de ponerse el sol, vi, por fin, que un águila muy pero que muy grande se lanzaba sobre nosotros y nos levantaba con sus fuertes garras. Apenas llegamos a la cima de la montaña y el águila se detuvo al lado de su nido, sentimos un gran griterío a nuestro alrededor. El águila, asustada, se dejó la presa y salió volando.

Sindbad el marinero

La sorpresa de los mercaderes al verme cogido al toro y cubierto de sangre  fue enorme. No podían creerse mi fantástica aventura.

Sindbad el marinero

Le di una parte de los diamantes y ellos me llevaron triunfalmente a su ciudad, desde la que pude regresar muy pronto a mi tierra, cargado de riquezas y de regalos.

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